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Viernes, 2 de octubre de 2026
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GeopolíticaBancos centrales

Bancos centrales: cómo sus decisiones están moviendo la economía de Latinoamérica y Argentina

Bancos centrales: cómo sus decisiones afectan a Latinoamérica y Argentina.

Bancos centrales: cómo sus decisiones están moviendo la economía de Latinoamérica y Argentina

Bancos centrales: cómo sus decisiones están moviendo la economía de Latinoamérica y Argentina

De las tasas cercanas a cero después de la pandemia al endurecimiento monetario más fuerte en décadas y los nuevos aumentos de 2026. Las decisiones de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y los bancos centrales latinoamericanos terminan afectando al dólar, el crédito, las inversiones, la inflación y el crecimiento de toda la región.

Cuando la Reserva Federal de Estados Unidos modifica su tasa de interés, puede parecer una noticia lejana para una familia o una empresa argentina. No lo es.

El precio del dólar, el costo de financiar una empresa, los rendimientos de los bonos, el valor de las monedas latinoamericanas e incluso parte de los movimientos de las materias primas están vinculados, directa o indirectamente, con las decisiones de los principales bancos centrales.

Para entender lo que ocurre actualmente hay que mirar algunos años hacia atrás.

Del dinero barato a combatir la inflación

La pandemia de 2020 provocó una respuesta extraordinaria.

Los principales bancos centrales redujeron tasas, inyectaron liquidez y compraron enormes cantidades de activos para impedir que el congelamiento de la actividad económica derivara en una crisis financiera todavía mayor.

La Reserva Federal llevó su tasa prácticamente a cero. Europa mantuvo tasas extremadamente bajas e incluso negativas.

Durante un tiempo, el dinero fue excepcionalmente barato.

Las empresas podían financiarse con mayor facilidad. Los gobiernos emitían deuda a tasas reducidas. Los inversores buscaban activos más riesgosos para obtener rendimiento.

Las acciones subieron. También lo hicieron las criptomonedas y numerosos activos financieros.

Pero apareció otro problema: la inflación.

La recuperación de la demanda, los problemas en las cadenas de suministro, el fuerte estímulo fiscal y monetario y posteriormente el impacto energético de distintos conflictos llevaron a un cambio radical de política.

La Reserva Federal pisó el freno

En marzo de 2022 la Reserva Federal comenzó uno de los ciclos de aumentos de tasas más rápidos de las últimas décadas.

La tasa pasó de un rango de 0,25%-0,50% en marzo de 2022 a 5,25%-5,50% en julio de 2023.

El mensaje era sencillo: había demasiado dinero persiguiendo bienes y servicios y la inflación debía bajar.

Una tasa más alta busca enfriar la economía.

Los créditos se vuelven más caros. Las empresas encuentran menos incentivos para endeudarse. Las familias pueden reducir consumo financiado y los inversores tienen alternativas relativamente atractivas en instrumentos de menor riesgo.

Después comenzó el movimiento contrario.

La Fed inició recortes en septiembre de 2024 y continuó reduciendo tasas posteriormente. Sin embargo, el ciclo no fue lineal.

El 16 de septiembre de 2026, ante una inflación todavía elevada, volvió a aumentar la tasa en 25 puntos básicos, dejándola entre 3,75% y 4%.

Esto muestra algo importante: los bancos centrales no siguen necesariamente una trayectoria permanente de subas o bajas.

Van reaccionando a inflación, empleo, crecimiento, energía y condiciones financieras.

Europa atravesó un proceso parecido

El Banco Central Europeo también abandonó las tasas negativas.

Su tasa de depósitos pasó de -0,50% antes del ciclo de endurecimiento a 4% en septiembre de 2023.

Más tarde comenzó a reducirlas cuando la inflación mostró señales de moderación.

Pero en 2026 apareció nuevamente presión.

En septiembre de este año, el BCE subió 25 puntos básicos sus tasas debido a nuevas presiones inflacionarias asociadas, entre otros factores, al encarecimiento energético derivado del conflicto en Medio Oriente.

La tasa de depósitos quedó en 2,50%, mientras que la tasa principal de refinanciación se ubicó en 2,65%.

Es decir: después de años discutiendo cuándo bajar las tasas, el escenario volvió a cambiar.

Y eso importa para América Latina.

¿Cómo llega todo esto a Latinoamérica?

Hay varios canales.

1. El dólar

Cuando las tasas estadounidenses suben, los activos denominados en dólares pueden volverse relativamente más atractivos.

Una parte del capital internacional puede salir de mercados emergentes y regresar hacia Estados Unidos.

Eso puede aumentar la presión sobre las monedas latinoamericanas.

El movimiento no es automático —intervienen decenas de variables—, pero históricamente las condiciones financieras globales y el dólar han tenido un peso importante sobre la región.

El Banco de Pagos Internacionales señaló en 2025 que los factores globales seguían teniendo una influencia significativa sobre las condiciones financieras latinoamericanas.

2. El costo de la deuda

Una tasa estadounidense más alta eleva la referencia contra la cual se valoran gran parte de los bonos internacionales.

Esto puede encarecer el financiamiento de gobiernos y empresas latinoamericanas.

Un país percibido como muy estable puede pagar una prima relativamente pequeña sobre los bonos estadounidenses.

Uno considerado riesgoso deberá pagar mucho más.

Para economías con necesidades frecuentes de refinanciamiento, la diferencia puede ser enorme.

3. Salida o entrada de capitales

Supongamos que un bono estadounidense ofrece un rendimiento atractivo con bajo riesgo.

Para convencer a un inversor internacional de colocar dinero en Brasil, México, Argentina o cualquier otro mercado emergente, el retorno esperado deberá compensar los riesgos adicionales.

Cuando Estados Unidos baja sus tasas, ese diferencial puede favorecer a los emergentes.

Cuando las sube, ocurre lo contrario.

Por eso las decisiones de la Fed pueden alterar los flujos financieros hacia toda Latinoamérica aunque no se haya modificado ninguna política económica dentro de la región.

4. Crédito más caro

El endurecimiento monetario internacional también puede trasladarse a bancos y empresas.

Financiar proyectos, refinanciar deuda o conseguir capital internacional puede volverse más costoso.

Y cuando financiarse cuesta más, algunos proyectos dejan de ser rentables.

Eso afecta inversión.

Y menos inversión puede significar menor crecimiento futuro.

5. Materias primas

Latinoamérica es una región fuertemente exportadora de materias primas.

Brasil exporta soja, mineral de hierro y petróleo.

Chile depende significativamente del cobre.

Argentina exporta productos agropecuarios y posee una creciente producción energética.

Perú tiene una fuerte exposición minera.

Los precios internacionales dependen de oferta y demanda, pero las condiciones financieras globales también influyen.

Un dólar muy fuerte y una economía mundial enfriándose pueden presionar determinados commodities.

En sentido contrario, shocks de oferta —como conflictos que restringen energía— pueden elevar petróleo y otros insumos incluso cuando las tasas son altas.

Latinoamérica reaccionó antes que muchas economías desarrolladas

Hay un detalle poco mencionado.

Varios bancos centrales latinoamericanos comenzaron a subir tasas antes que la Reserva Federal.

Habían aprendido algo después de décadas de crisis inflacionarias: permitir que las expectativas de inflación se descontrolen puede resultar extremadamente costoso.

Durante 2023 y 2024, con la inflación comenzando a disminuir, varios bancos centrales de la región pudieron iniciar posteriormente ciclos de reducción de tasas.

El FMI señaló en 2024 que la inflación regional estaba descendiendo en parte gracias a las tempranas respuestas de política monetaria adoptadas por los bancos centrales latinoamericanos.

Pero nuevamente el panorama se volvió menos uniforme.

En 2025 el propio FMI advertía que el proceso de desinflación estaba perdiendo velocidad y que algunos bancos centrales habían comenzado a detener sus reducciones o incluso volver hacia políticas más restrictivas.

Brasil es un buen ejemplo de esta cautela: a comienzos de 2026 su Banco Central mantenía la tasa Selic en 15% anual.

Chile, en cambio, mantenía su tasa de política monetaria en 4,5% durante 2026.

No existe, por lo tanto, una única política monetaria latinoamericana.

Cada país enfrenta una combinación diferente de inflación, déficit fiscal, crecimiento, moneda y riesgo financiero.

¿Y Argentina?

Argentina merece un capítulo separado porque los mecanismos tradicionales de política monetaria funcionan dentro de una economía fuertemente dolarizada y con una historia prolongada de inflación elevada.

Desde diciembre de 2023 el BCRA modificó significativamente su esquema monetario.

Entre otras medidas, avanzó sobre la eliminación de sus pasivos remunerados, modificó la forma en que se administra la liquidez bancaria y redujo el financiamiento monetario del Tesoro.

En julio de 2024 se cerró la ventana de pases pasivos del Banco Central y parte de la administración de liquidez pasó hacia instrumentos del Tesoro.

Posteriormente llegó otro cambio importante.

Las bandas cambiarias

En abril de 2025 Argentina adoptó un esquema de flotación del dólar dentro de bandas móviles.

Inicialmente el rango se estableció entre $1.000 y $1.400 por dólar, con reglas para el desplazamiento de ambos límites.

También se eliminaron restricciones para la compra de moneda extranjera por parte de personas humanas, se eliminó el denominado dólar blend y se flexibilizaron diferentes operaciones cambiarias.

Desde enero de 2026, el movimiento de las bandas pasó a relacionarse con la inflación observada con rezago.

El foco pasó hacia la cantidad de dinero

El BCRA está utilizando actualmente un esquema basado principalmente en el control y monitoreo de agregados monetarios.

La institución sostiene que busca permitir una recuperación de la demanda de pesos sin generar un exceso de oferta monetaria que vuelva a presionar sobre precios o dólar.

Durante 2026 también comenzó una estrategia orientada a acumular reservas internacionales mediante compras de divisas, procurando que la expansión monetaria resultante sea compatible con la demanda de dinero.

Aquí aparece uno de los desafíos centrales.

Comprar dólares implica entregar pesos.

Si existe demanda genuina por esos pesos, la expansión puede ser absorbida por la economía.

Si la cantidad de pesos crece persistentemente por encima de la demanda, aumenta el riesgo de presiones sobre precios, activos o tipo de cambio.

Ese equilibrio es uno de los puntos que habrá que observar.

¿Por qué las decisiones de la Fed son especialmente importantes para Argentina?

Porque Argentina todavía necesita recuperar un acceso más profundo y sostenible al financiamiento internacional.

Cuando las tasas estadounidenses son elevadas, el punto de partida para cualquier emisión internacional también es más alto.

A eso Argentina debe sumarle su propia prima de riesgo.

Simplificando:

tasa internacional + riesgo argentino = costo potencial de financiamiento argentino.

No es una fórmula exacta, pero sirve para entender la lógica.

Una reducción de las tasas internacionales puede mejorar las condiciones externas.

Pero no elimina el riesgo local.

Argentina puede beneficiarse de un escenario internacional favorable, pero la sostenibilidad de su deuda, la inflación, las reservas, el equilibrio fiscal y la credibilidad institucional siguen dependiendo fundamentalmente de factores internos.

El dilema de todos los bancos centrales

Los bancos centrales están constantemente intentando resolver un problema con objetivos que muchas veces entran en tensión.

Si mantienen tasas demasiado bajas durante demasiado tiempo, pueden alimentar inflación, crédito excesivo o burbujas financieras.

Si las suben demasiado, pueden provocar una desaceleración económica innecesariamente fuerte.

Si bajan demasiado pronto, la inflación puede reaparecer.

Si tardan demasiado, pueden castigar actividad, inversión y empleo.

Por eso la política monetaria no consiste simplemente en decidir si una tasa “alta” es buena o mala.

Depende del problema que se intenta resolver.

Qué debería mirar una persona común

No hace falta convertirse en economista ni seguir cada reunión de la Reserva Federal.

Pero hay cinco variables que vale la pena observar:

Tasas de la Reserva Federal. Indican aproximadamente cuánto cuesta el dinero en la principal economía financiera del mundo.

Dólar internacional. Una apreciación fuerte puede generar presión sobre monedas emergentes.

Inflación estadounidense y europea. Determina buena parte del margen que tienen sus bancos centrales para bajar tasas.

Precio de commodities. Es fundamental para las economías exportadoras latinoamericanas.

Política monetaria y reservas del BCRA. Para Argentina continúan siendo variables fundamentales para entender la dinámica del peso, el crédito y las expectativas.

Lo que viene

El escenario internacional de 2026 volvió a demostrar que la inflación no estaba definitivamente enterrada.

La Reserva Federal elevó nuevamente su tasa en septiembre y el Banco Central Europeo hizo lo mismo ese mes.

La energía y los conflictos geopolíticos volvieron a introducir presión sobre los precios.

Para Latinoamérica esto implica probablemente un escenario en el que los bancos centrales deberán ser cautelosos.

Tasas internacionales persistentemente elevadas pueden limitar el margen para bajar tasas locales rápidamente, especialmente en países donde la moneda o las expectativas de inflación son vulnerables.

Argentina suma un desafío adicional: consolidar la desaceleración de la inflación mientras intenta acumular reservas, recuperar crédito y profundizar la normalización de su mercado cambiario.

La conclusión más importante no pasa por intentar anticipar cada decisión de los bancos centrales.

Pasa por comprender que el costo global del dinero funciona como una especie de gravedad financiera.

Cuando cambia, se mueve prácticamente todo lo demás.

Y América Latina, aunque esté a miles de kilómetros de Washington o Frankfurt, no queda afuera.

Aviso: este contenido es informativo y educativo. No constituye asesoramiento financiero ni una recomendación de compra o venta de activos. Antes de invertir, evaluá tu situación con un profesional matriculado.

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